De vez en cuando y de tanto en tanto, me encuentro en el cruce de fantasmas, ni cebras ni barreras, solo figuras que caminan como chimpancé. Y de esas ocasiones me quedan los recuerdos en el alma, esas confusiones tan elocuentes como reales, increíblemente cercanas, casi de un cuarto tipo. No son aquellas ilusiones de los cuentos de princesas ni se acercan al cuarto de las rosas, pero tienen en su interior, en su esencia, una extraña sensación de inmensa quietud. Me desorienta pensar cual de todas esas experiencias vividas fue la que más colmó mi espíritu e irremediablemente me lleva a analizar casi con prejuicio cualquier acción que mi rutina me impone.
Son desobediencias a la evolución, la de los libros solamente, porque creer estar subiendo en esta escalera sin fin es el simple motor de mi sencillez. Aunque de esto sepa poco, y de lo sencillo casi no me queda, no por no serlo, sino porque simplemente la sencillez es algo muy complejo, y deja de ser básico en su entendimiento. De ahí que estoy con ustedes más allá de su percepción, mas aun de lo que sus mentes permiten que yo esté. Aun guardo un pedazo de sus corazones en el mío y trabajo en ellos para mantenerlos vivos, para cuando quieran volver.
No han se han ido mas que de viaje, por eso me reconforta saber que por mas largo que sea el recorrido el final siempre está en casa, juntos otra vez. Mi último gran amor lo despedí con un abrazo, algo que creía impensado en su desarrollo, algo que anhelaba, para poder dejar hacer su viaje, sin extrañar, porque cuando un amor parte no queda más que amor en su lugar, y la inexplicable felicidad del corazón cuando esto ocurre es lo que convierte a un hombre en sencillo.
Solía soñar de chico con la paz en el mundo, con el fin del hambre y las guerras, con las familias felices y todo lo que te lleva a no desbarrancar en la adolescencia. El problema no eran mis sentimientos, no había confusión ahí, porque aun deseo lo mismo. Me equivocaba en pensar diferente a lo que sentía, en vivir resignado y caminando una inmensa peregrinación a un infierno un poco mejor, pero un infierno al fin. Que sencillo sería poder elegir, que alentador sería poder ser libre en el pensamiento, cuando desde que naces, sencillo, conectado en perfecta armonía con tu ser interno y la naturaleza, te ves forzado por gente más poderosa a soltar eso, a renunciar a la felicidad que te da el dormir a cualquier hora para entrar en una carrera que siempre corres en ultimo lugar.
No esperemos a Terminator, ya nos hemos convertido en robots nosotros y ya nos estamos matando. Pocos son concientes, y no me incluyo, de que hay muchos inconcientes, de que los fantasmas que me cruzo están mas vivos que yo, que la tierra ensucia la ropa, pero limpia el cuerpo. Nos convertimos en los robots perfectos de la civilización, aceptando las reglas, como propias, como entendibles, cuando más de una no lo es.
Tengo deudas en la vida y una de ellas es dejar de trabajar por dinero para poder empezar a trabajar por la vida, que por ahora es lo único que me está dando todo lo que necesito. Es difícil quebrar los paradigmas, quebrar con las culturas, con las escuelas y las reglas. Pero por fin entendí que la dificultad radica en entender lo sencillo y ese es mi próximo paso a una vida mejor aun.