Solo necesito un Gancia, dos pilas, un poco de sahumerio, un atado empezado, un sillón, unas velas, pantalones largos, una persiana americana a medio cerrar, dos vasos largos, sin hielo, y un florero vacío en la cómoda de mi alcoba. La tele encendida en sintonía con el horario, volumen bajo, más bajo que el sexapil.
Un brindis de mezclas con un amigo, una espada colgada en la pared, un mercenario tocando timbre y un borracho en el cordón. Ruidos a autos locos, viejas chusmas, un globo desinflado de un cumpleaños, un jarrón roto, una puerta que no se abre y un mate de la mañana.
Una alfombra despeinada, con mil manchas de victorias, el ventilador en uno, descalzo, con botamanga y un celular en el bolsillo. Una alarma sonando, una sirena gritando auxilio, un ciudadano indignado, un quiosquero quebrado, una pareja de extranjeros y un cabernet chileno. Un tercer vaso vacío, con un cenicero hecho basural, un café esperando el momento, una manta de auxilio y un control remoto.
El cuadro de la abuela de no se quien, arriba de las cenizas de su marido, una lapicera de oro, un papel mojado en alcohol, vitaminas, una guitarra desafinada y una mala costumbre de mirar.
Un recuerdo, el verano, arena en los oídos, los pelos secos, un guante en el lavado, una aceituna debajo de la mesa, la luz prendida, las miradas al piso, un alfajor de chocolate y un petardo de navidad. Un espejo mojado, la puerta que se cierra, el calor que molesta, un viento que acaricia y un ciruja cantando tango. Una melodía convertida en canción, un amigo, un encendedor, una foto de papá y mamá, esta vez juntos, un play móvil, una radio antigua, una botella vacía y un juego de mesa. El mantel pulcro, la mesa rayada, una linterna sin baterías, un boleto capicúa, un paraguas seco y una lata de maceta.
Tres aplausos mudos, fanáticas en auto, soldados a pie, un premio de secundario y un almanaque de almacén.
Una cruz sobre la mesa, una ultima cena, un cantante sin banda, un alquimista veraneando, un juego de a tres, una calesita y una carta en la mesa. Un sobre papel madera, un recibo del banco, un agujero en el techo y una telaraña abandonada. Un juramento al cielo, un aprendiz de buitre, una mayonesa del verano anterior, un recuerdo olvidado, un fragmento de canción y un pedazo de infierno
.
Solo necesito mi Gancia, dos pilas para el control, la tele a mis pies, un atado para terminar y tiempo para soñar.
Un brindis de mezclas con un amigo, una espada colgada en la pared, un mercenario tocando timbre y un borracho en el cordón. Ruidos a autos locos, viejas chusmas, un globo desinflado de un cumpleaños, un jarrón roto, una puerta que no se abre y un mate de la mañana.
Una alfombra despeinada, con mil manchas de victorias, el ventilador en uno, descalzo, con botamanga y un celular en el bolsillo. Una alarma sonando, una sirena gritando auxilio, un ciudadano indignado, un quiosquero quebrado, una pareja de extranjeros y un cabernet chileno. Un tercer vaso vacío, con un cenicero hecho basural, un café esperando el momento, una manta de auxilio y un control remoto.
El cuadro de la abuela de no se quien, arriba de las cenizas de su marido, una lapicera de oro, un papel mojado en alcohol, vitaminas, una guitarra desafinada y una mala costumbre de mirar.
Un recuerdo, el verano, arena en los oídos, los pelos secos, un guante en el lavado, una aceituna debajo de la mesa, la luz prendida, las miradas al piso, un alfajor de chocolate y un petardo de navidad. Un espejo mojado, la puerta que se cierra, el calor que molesta, un viento que acaricia y un ciruja cantando tango. Una melodía convertida en canción, un amigo, un encendedor, una foto de papá y mamá, esta vez juntos, un play móvil, una radio antigua, una botella vacía y un juego de mesa. El mantel pulcro, la mesa rayada, una linterna sin baterías, un boleto capicúa, un paraguas seco y una lata de maceta.
Tres aplausos mudos, fanáticas en auto, soldados a pie, un premio de secundario y un almanaque de almacén.
Una cruz sobre la mesa, una ultima cena, un cantante sin banda, un alquimista veraneando, un juego de a tres, una calesita y una carta en la mesa. Un sobre papel madera, un recibo del banco, un agujero en el techo y una telaraña abandonada. Un juramento al cielo, un aprendiz de buitre, una mayonesa del verano anterior, un recuerdo olvidado, un fragmento de canción y un pedazo de infierno
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Solo necesito mi Gancia, dos pilas para el control, la tele a mis pies, un atado para terminar y tiempo para soñar.

