Estoy dibujando un mapa con brocha ancha, pintando arbolitos en los huecos de la pared y disfrazando las rutas de cartón corrugado. Ando alegrándome las noches mojadas con plastilina y serrucho. Cortando los bordes y cociendo las uniones de los paraísos, martillando en lo profundo del centro de mi tierra. Que tan lindo puede quedar algo que le regalo a mi vida, un perfume de mujer a las horas del desayuno, una flor fresca, desde la raíz hasta la oreja donde escucha mis piropos.
Que tan fácil se me hace la mezcla, del golpe al colchón, de un eternun en mi, y ando de alejadas por la vida, despreciando amores, que sin amor me enamoran.
La resaca del alma es el doctor loco de la conciencia, una aspirina vencida, casi suicida. Explicándote pavadas literarias, locuras que te venden aire, sin fragancia, sin humedad. Tan vacío como su propio aire, y tan lleno en su interior.
Que mapita que me sale, que cruces de vereda en tan pocas cuadras, cuantas ciudades conocidas en tres veranos y un sin fin de campos por cruzar, pisando sapos.
Gracias, que envidia me han de tener los Dioses, vos me llames hermano, cuando ellos se acomodan en algún librito con bordados de oro. Prendele la llama que el te ve. Me diste razón, infiltrada en amor, me diste consuelo, oculto en silencio, me diste compañía entendiendo mi necesidad de soledad y me regalaste una sonrisa del otro lado del mundo.
Voy a invitarte un jugo de melón, en el jardín los dos, mirando mi obra de arte, el mapa de nuestras vidas, que empezó con vos y que me uní con vos, ahí, en ese corner de provincia.
TE QUIERO
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